Mi pequeña empresa
Por Angélica González
Llegué a los Ángeles California, cuando tenía 19 años. Lo hice sola sin conocer a nadie, pero eso sí desde un principio con mucha suerte, porque no me pasó nada en el trascurso o aventura de ir a los Estados Unidos por dólares esa era mi meta.
Llegué a un vecindario dónde habitaban muchos paisanos, me propuse buscar un empleo y llegue al consulado mexicano a trabajar como limpia oficinas en ese lugar tuve la oportunidad de conocer a mucha gente.
El trabajo en el viejo consulado mexicano se terminó, pero finalmente hice amigos, ya que en el último piso se encontraba la Cámara Mexicana de Comercio y oficinas relacionadas con compatriotas, por lo que me facilitó un poco más encontrar empleo. El tiempo siguió y logré ascender en mi trabajo, pues luego me convertí en apoyo logístico de eventos en el centro Musical antes mencionado. Con tan sólo 23 años de edad, con mucho trabajo a cuestas, fundamos un grupo de paisanos la fraternidad de Poblanos, radicada en los Ángeles California.
Para finales de diciembre de ese mismo año, trabajando de sol a sol, pude encontrar una pequeña oficina de renta en el 1815, interior 105 de la calle sexta, en un suburbio conocido como Westlake. Con los ahorros que pude abrí una agencia de mensajería.
La oficina era modesta: escritorio, báscula para pesar la carga, una pequeña bodega en la parte trasera, un auto para llevar las valijas al aeropuerto y un ayudante originario de Tehuacán Víctor, quien había perdido el empleo, me conecto con su hermana que vivía en Houston para distribuir “las encomiendas” que la gente de “la pequeña ciudad tehuacanera”, como le llamaban al vecindario , comenzaba a aceptar el servicio que ofrecíamos con mucho esmero; al mismo tiempo repartíamos volantes, ofrecíamos ofertas y un sencillo plan de mercadotecnia que comenzaba a dar buenos resultados.
Me acostumbré al citadino paisaje de la ciudad, convivir con un mural de la Virgen de Guadalupe en las bardas de Westlake con insignias del Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, o garabatos de la Mara Salvatrucha, que comenzaba a escucharse fuertemente por esos rumbos.
Los barrios de clase media de anglosajones de hacía más de tres décadas, alrededor del Mc Arthur Park, se fueron transformando en barrios latinos con los tacos, tamales, atoles, mole y en algunos hasta barbacoa o cecina que salían de enormes cazuelas a bordo de carritos de supermercado para huir ante la presencia de la policía.
En ese barrio me sentía como en mi pequeña comunidad donde había la mayoría de las comidas de mi pueblo.